El Castillo de la Niebla I Oscuridad

Ir abajo

El Castillo de la Niebla I Oscuridad

Mensaje  Nora Escribano el Dom Ene 31, 2010 3:05 am

Título: "El Castillo de la Niebla I Oscuridad"
Enlace a la crítica: Aquí Wink .
Autor: Yo, Nora Escribano
Sinopsis: Nora es una chica solitaria, que en un momento su vida cambió radicalmente, pero no era una mala vida, hasta que un mal empezó a planear sobre sus cabezas.
Personajes:Nora Escribano, Donna Mayo, Johan Steve Cork, Karl-Alef, Ryan Moore y Scarlet.
Ambientación: Se basa en la Edad media, en nuestro mundo, con unas pocas variaciones...
Género: Fantasía.



Estas son las primeras cinco páginas de mi novela titulada: "El Castillo de la Niebla I Oscuridad", espero que os guste, hiré actualizando cada semana, o al menos, eso intentaré. Cualquier fallo me lo comentáis en la crítica del libro, y os pido que la pongáis, que aunque sea moderadora, no me como a nadie por la crítica, jejeje. Bien, pues primera parte del primer capítulo:

I
NORA

ERA YA LA ÚLTIMA HORA de clase, una joven de uno dieciséis años, que estaba sentada al final de la clase, tomaba notas de lo que explicaba el profesor. Ella era una joven de pelo largo, castaño oscuro y algo ondulado, grandes ojos marrones, alta y de piel clara, su nombre era Nora.
Nora estaba sentada en la última fila, sola, pese a que todos los pupitres eran dobles siempre estaba sola, pero a ella esto no le preocupaba demasiado. Nora era una chica solitaria, no le gustaba estar rodeada de mucha gente, y algo que muy pocos sabían era que, odiaba que la tocaran, aunque fuese sin querer. Nora cuando pensaba en todas estas cosas se decía que prefería estar sola que mal acompañada. Ella no era como los demás, aunque no sabía hasta que punto. En cambio si sabía que el resto de la gente no la aceptaba en sus grupos porque no era como ellos.
Muchas veces para combatir la soledad escuchaba música, canciones que le hablaban de gente triste pero también de segundas oportunidades, de que un día las cosas cambian a mejor y que siempre se encuentra el sitio de cada uno. Aunque no lo quisiera admitir Nora se agarraba a estas canciones desesperadamente, esperando que un día se hiciesen realidad.
Otra cosa a la que se aferraba era a los libros, en ellos siempre el protagonista de sus historias empieza solo, triste, sufre muchas desgracias, pero poco a poco logra que eso cambie, encuentra un lugar en el que ser feliz y ahí siempre termina la historia; Nora siempre deseaba encontrar un libro que le explique qué pasa después porque alguien no puede ser eternamente feliz, ¿o sí?
Tras corregir los deberes del día anterior, don Ricardo, el profesor de matemáticas, un hombre de entre cuarenta y cincuenta años, fuerte, pero querido por todos sus alumnos por su carácter bonachón, se puso las gafas y había empezado a explicar la lección del día. Nora tomaba apuntes, ella era una chica muy curiosa que le gustaba aprender, por lo que sacaba unas notas excelentes.
La campana sonó anunciando el final de la última clase del día. Un gran revuelo se armó en todo el instituto. Los pasillos, que hasta hacía poco estaban desiertos, ahora se habían convertido en una gran marea humana. Casi todos los de su clase ya habían salido, Nora, en cambio, terminaba de tomar apuntes.
—Todo nos iría mucho mejor si todos fueran como tú, Nora —dijo don Ricardo cuando solo quedaban ya él y Nora en el aula.
—Si todos fueran como yo el mundo sería demasiado aburrido y las clases muy monótonas, don Ricardo —contestó Nora, guardando sus cosas en la mochila.
—Sí, pero así no me iría todos los días a mi casa con este dolor de cabeza que llevo encima —dijo él, quitándose las gafas y limpiándolas en su jersey para después, frotarse la cabeza.
—Visto así tiene usted razón, don Ricardo —dijo mientras se colgaba la mochila a la espalda —. Bueno, adiós, don Ricardo, que tenga usted un buen día.
—Gracias Nora, adiós —se despidió el profesor, mientras cerraba la puerta de la clase al salir los dos al pasillo, ahora desiertos de nuevo.
Nora salió del edificio sin mucha prisa. Bajó por la pequeña cuesta de una de las calles, e hizo el mismo trayecto de todos los días para volver a su casa. Nunca iba con prisa porque no tenía hermanos, sus padres estaban separados y vivía con su madre. Su madre, un tema complicado. Trabajaba lejos por lo que se iba muy temprano, antes de que Nora se levantase. Después volvía tan tarde que, Nora, vencida por el sueño se había quedado dormida hacía tiempo.
No le concedieron la custodia a su padre porque se fue a vivir al extranjero por culpa del trabajo. Nora estaba todos los días sola, pero ya estaba acostumbrada a ello. Cuando llegó a su casa, un piso pequeño, en una comunidad pobre, en un barrio conflictivo. Eso era todo cuanto tenía Nora, eso y un MP3 de segunda mano que funcionaba a veces y libros, todos de segunda mano, de ofertas… pero libros al fin y al cabo, su único consuelo junto con las canciones que grababa en su MP3 en la biblioteca.
Tras acabar sus deberes cogió un libro que le gustaba especialmente, la protagonista sufría mucho y con muy poco le bastó para ser feliz, todo gracias a un amigo. Pero Nora no tenía amigos.
Salió de su casa y fue a un parque cercano. Allí se sentó a los pies de un árbol, un sauce llorón. Cogió su MP3 y tras intentarlo cuatro veces, se encendió. Salió su canción favorita. La canción estaba en inglés pero ella entendía perfectamente su signi¬ficado. La canción decía:

No te escondas
Es el momento de cambiar, de tirar los libros
Y comenzar de nuevo.
Rompe todas las reglas, puedes cometer errores,
No sientas vergüenza.
No pierdas más el tiempo, porque has estado
En otro mundo durante demasiado tiempo.
Atrapada en sus brazos, fuera de peligro.
Sigue tu corazón, no tengas miedo.

Crees que estás bien
Pero no creo en lo que dices
Crees que es demasiado tarde
Pero no es bueno, lo bastante bueno para ti

No te escondas
Porque sé que tienes lo que hace falta
Sé que puedes ser lo que tú quieras

Déjate llevar, no te preocupes por nada
Rompe esas cadenas, es tan difícil comenzar
Sigue tu corazón, no tengas miedo

Crees que estás bien
Pero no es bueno, lo bastante bueno para ti

No te escondas
Porque sé que tienes lo que hace falta
Sé que puedes ser lo que tú quieras

No te escondas
Porque sé que tienes lo que hace falta
Sé que puedes ser lo que tú quieras
Puedes ser lo que tú quieras

Parecía una canción hecha a su medida, le animaba pensando en que podía cambiar, empezar de nuevo, aunque empezar siempre fuese difícil. Que tiene lo que hace falta tener, que es valor, que puede ser lo que quiera ser. Le encantaba aquel grupo, hablaban de cosas cotidianas. Siempre solía escuchar a aquel grupo, tenían canciones para todos los estados de ánimo. Perdiéndose en la melodía abrió su libro favorito y comenzó a leer.
Estuvo leyendo durante mucho tiempo. Solo levantó la vista del libro cuando la luz comenzaba a dejar paso a la oscuridad y no podía seguir leyendo. Recogió sus cosas y volvió a su casa. Paseó tranquilamente por el parque iluminado por la rojiza luz del atardecer. Tras pasar la verja de hierro que indicaba el final del parque, continuó el camino a su casa bajo la luz de las farolas que comenzaban a encenderse indicando que pronto acabaría el día dejando paso a la noche.
La noche ya había caído sobre la ciudad cuando Nora llegó a su casa. Tras abrir la vieja puerta Nora fue hacia su habitación para dejar el libro y el Mp3. Fue a la cocina y su preparó la cena. Tras esperar a su madre como todos los días tuvo que irse a dormir antes de que ella llegase.

A la mañana siguiente cuando se levantó su madre ya se había ido. Mientras se lavaba la cara recordó que había soñado algo. Había soñado que estaba en un castillo en la Edad Media, lo más gracioso para ella era que en ese sueño tenía amigos. Sacudió la cabeza y se echo agua en la cara para despejarse. Era un sueño absurdo. Se secó la cara. Salió del cuarto de baño a la cocina.
Allí se preparó el desayuno: una taza de café con leche, una manzana y unas tostadas. Tras desayunar se lavó los dientes. Fue a su habitación a coger la mochila. Por la ventana vio que había nubes muy oscuras, ese día llovería. Sonrió, le encantaba la lluvia. Se colgó la mochila y salió de su casa.
Cuando salió a la calle un suave olor a tierra húmeda recorría las calles de la ciudad. Sonrió de nuevo, le encantaba ese olor. Pensó que ese iba a ser un buen día. No sabía lo confundida que estaba.
Caminó por las calles, todavía iluminas por las farolas debido a que todavía era muy temprano y el espeso manto de nubes que cubría la ciudad. Un trueno retumbó por toda la ciudad.
Ese día el tráfico era lento y los cláxones de los coches sonaban todo el tiempo junto con las voces de los conductores desesperados y los peatones indignados. La ciudad era un caos. Nora, pensando en que no le gustaba el ruido percibió algo frío y húmedo resbalar sobre su mejilla, una gota. Y de repente otra sobre la nariz, poco a poco comenzó a llover aumentando el ruido y el caos típico de la ciudad. Nora se dejó acariciar por las pequeñas gotas que caían sobre su rostro desde lo alto de las nubes. En ese momento desconectó de todo el ruido de la ciudad, solo oía los truenos que provocaban los rayos al caer en las cercanías de la ciudad.
Nora no se dio cuenta hasta tiempo después de que se había parado y ahora estaba completamente empapada. Salió corriendo, si no, no llegaría al instituto.
Logró llegar a tiempo, pocos segundos antes de que la campana anunciara el principio de las clases pero Bernardo, el profesor de historia no había llegado a clase todavía. Un gran jaleo se había armado en la clase, de repente vio que había alguien frente a ella.
<<Que raro —pensó Nora—, qué harán aquí>>.
Levantó la cabeza para ver de quién se trataba.
— ¡Vaya! La bicho–raro se ha dignado a mirarnos —dijo Rafa, un chico popular en clase por sus bromas, Nora no sabía que le había hecho pero desde que llegó al instituto él la había tomado con ella.
—Rafa, no sé qué te he hecho, pero déjame tranquila, por favor –—contestó a la provocación de este sin alterarse.
— ¡Vaya, chicos! ¡Mirad! ¡Nos está echando! —dijo riéndose, risa a la que todos los demás le corearon riendo y armando gran estruendo—. No, Nora, no nos vamos a ir, esto no es tuyo para que nos eches, a demás nadie nos puede echar, somos nosotros los que echamos a la gente —dijo con un evidente tono de amenaza, mientras bajaba de la mesa sobre la que estaba sentado—. Vamos chicos, la enseñaremos como tiene que tratarnos.
En el momento en el que acabó la frase entró Bernardo, por lo que tuvieron que ir hacia sus sitios, aunque la presencia del profesor no evitó las continuas miradas agresivas de Rafa y sus amigos que se repitieron durante la clase.
Mientras entraba un profesor a hablar con Bernardo una pelotita de papel le golpeó en la cabeza, miró alrededor para buscar al culpable, aunque sabía de sobra que había sido Rafa. Iba a levantarse para tirar la bola de papel pero se dio cuenta de que había algo escrito por lo que desdobló el papel y leyó:
NO TE CREAS QUE BAS A SALIR VIEN PREPARATE PARA UNA BUENA A LA SALIDA DE ESTA NO TE LIVRAS VICHORARO
RAFA
Nora se percató de las muchas faltas orográficas que había en el mensaje y la ausencia de comas o puntos. Sin querer rió por lo bajo, una risa que no pasó inadvertida a Rafa y sus amigos, quienes aumentaron las miradas.
A la hora del recreo seguía lloviendo un profesor se quedaba en cada aula para que hubiese algo de orden en la clase. Nora se sintió aliviada, no les veía capaz de hacer nada, pero aun así se sintió aliviada. Ella no siguió pensando en ello y se puso a hacer deberes.
— ¡Eh, tú, bicho–raro! ¿¡Ahora pasas de nosotros?! ¡Recuerda que de esta no te libras, empollona de mierda! —gritó, con tono despectivo.
—No soy empollona, me gusta aprender, cosa que no tú, se ve que los libros te dan alergia –respondió Nora, sin levantar la vista del libro.
— ¡A mí nadie me insulta! ¡Ahora sí que la has cagado, empollona! —gritó Rafa fuera de sí lanzándose hacia ella.
— ¡Alto ahí, Rafael Domínguez! ¡Ni insulto, amenazas ni agresiones! ¡Ven conmigo al despacho del director, tú también Nora! —rugió Ibáñez, el profesor que estaba en el aula, fuera de sus casillas.
Cogió a ambos del brazo y tiró de ellos todo el camino.
— ¡Jajajaja! Vaya bicho-raro, la primera vez que vas al despacho del director. Una mala nota para tu brillante expediente —volvió a increpar Rafa.
— ¡Cállate Rafael, tú sí que vas a salir mal parado de todo esto, lo mínimo que te pondría yo sería una expulsión de un mes! ¡Y andando! —gritó Ibáñez, aun muy enfadado.
Nora tragó saliva, esto no iba a terminar bien.
Pronto llegaron, a rastras, al despacho del director. No tuvieron que esperar mucho, pero a Nora se le hizo eterno. Primero pasó Ibáñez y le contó lo sucedido al director.
Las palabras de Ibáñez pese a que estaba al lado de la puerta y cualquiera las hubiese entendido le llegaban muy lejanas. Sentía un nudo en el estómago, nunca había estado allí. Por primera vez en mucho tiempo se sintió sola en la sala de espera para pasar al despacho. En aquella situación habría dado lo que fuese por tener su Mp3 y un libro para calmar los nervios.


______________________________________________________________________________________


El primer capítulo no está muy bien, así que os pido que leaís lo siguiente que publique, no dejéis de leerlo, por favor, y repito, quiero crítica Wink .
avatar
Nora Escribano
Suluk

Mensajes : 243
Fecha de inscripción : 28/01/2010
Edad : 22
Localización : Haciendo un hechizo, ¿o es que no me ves en mi avatar?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Castillo de la Niebla I Oscuridad

Mensaje  Nora Escribano el Sáb Feb 13, 2010 10:21 pm

Bien, pues aquí viene una nueva actalización. Cada sábado intentaré traer una nueva actualización, Very Happy .


Ibáñez salió del despacho del director haciendo que la puerta saliera disparada, chocando con la pared, Nora se alegró de haberse puesto en el lado contrario.
—Nora —llamó, suavemente el director—, ahora te toca a ti contarme lo que ha pasado, adelante —invitó el director, abriendo la puerta del despacho.
Nora asintió y como una autómata, sin ser muy consciente de lo que pasaba a su alrededor, pasó al despacho. Allí el director le indicó que se sentara en la silla que tenía enfrente.
—Nora, creo que nunca te había visto aquí, seguro que apenas me conoces, pero en las reuniones de profesores hablamos de todos los alumnos, y tú no eres una excepción, no te asustes —dijo al ver que Nora comenzaba a asustarse y temiendo de que aquello que hablasen de ella no fuese bueno—, todo lo que han hablado los profesores de ti, ha sido bueno desde que llegaste —dijo para gran alivio de Nora—. Quería hacerte una pregunta, dado que una cosa que siempre han dicho de ti es que eres muy silenciosa, no hablas con los demás, siempre estás sola, y yo quería saber, ¿es porque no te encuentras a gusto aquí? —preguntó el director.
—No señor, no es eso —negó alarmada —, desde pequeña siempre he estado sola, ahora, por añadido, no estoy ni con mi madre porque trabaja lejos de la ciudad y no la veo casi nunca. Ya estoy acostumbrada, tanto que incluso se me hace muy extraño estar con más gente, prefiero estar sola —explicó Nora bajando la cabeza.
—Ese es el mayor problema Nora —comentó él, con un tono preocupado tiñendo su voz—, la gente no está hecha para la soledad, y además los adolescentes, como tú, sois los que más necesitáis la vida social. Todos a tu edad tienen un grupo de amigos, con quienes van al cine, con quienes hablar, mucho consideran más importante la opinión de sus amigos que la de sus padres. Nora, no es bueno ni para ti, ni para nadie estar tan sólo –dijo el director muy seriamente—. ¿Tienes algún amigo fuera del instituto?—añadió intentando saber más y demostrando que realmente estaba preocupado por Nora.
—No señor director, no tengo amigos ni aquí, ni fuera —respondió Nora, a media voz bajando la cabeza—. Y si señor, ya sé que no es muy buena la soledad, pero si la gente no me acepta, no voy a obligarles a que lo hagan —terminó de explicar ella.
—Yo no te digo que los obligues, solo te digo que intentes buscar algún grupito en el que estar, que intentes ser más social con el resto —dijo el di¬rec¬tor—. Comprende que solo intento ayudarte, ¿por qué no intentas tú hacer lo que te pido, Nora? —pidió el director con voz preocupada.
—Porque no puedo, ya lo he intentado muchas veces, pero no puedo —dijo Nora angustiada por aquel tema de conversación—. Me pide a mí, pero los que no me aceptan como soy son ellos, además, sé que mi sitio no está aquí, está mucho más lejos —parpadeó varias veces, no sabía por qué había dicho eso.
—¿A qué te refieres con lo que acabas de decir, Nora? No lo entiendo —preguntó el director, muy intrigado.
—No lo sé, no me lo pregunte, porque no lo sé, solo sé que mi sitio en el mundo está muy lejos, no sé dónde, ni si quiera si iré o estaré siempre aquí, solo sé que este no es mi lugar, sé que hay otro sitio para mí —respondió enigmáticamente Nora, ni siquiera ella sabía muy bien a qué se refería con aquello, solo sabía que era cierto.
El director se sintió desconcertado, aunque al mirar a Nora se dio cuenta de que ella misma era incapaz de entender lo que le acababa de decir, por lo que no siguió preguntando sobre el tema, aunque la enigmática respuesta de la muchacha le había dejado realmente intrigado.
—Bueno —dijo el director tras un incómodo silencio, sin saber muy bien cómo continuar—, vamos a volver al tema que nos interesa, Nora, cuéntame qué es lo que ha ocurrido en clase —pidió amablemente el director.
Nora se sentó mejor, apoyando la espalda en el asiento, tragó saliva e intentó recordar todo lo sucedido antes de hablar.
Nora relató lo sucedido al director, intentando no olvidarse de ningún detalle.
El director asintió y guardó silencio durante unos instantes.
—Todo esto, ¿ha comenzado antes o en ese momento, así, sin más? —preguntó el director.
—No, desde que he llegado esta mañana a comenzado a meterse conmigo, es más, en clase de historia ha pasado otro profesor a hablar con Bernardo y Rafael a aprovechado ese momento para enviarme un mensaje de amenaza, todavía lo llevo en el bolsillo, si le interesa —respondió Nora, sacando la bola del bolsillo del pantalón.
—Sí, trae a ver —dijo el director mientras cogía el papel que le mostraba Nora.
El director leyó el papel con el ceño fruncido.
—Evidentemente, esta es la letra de Rafael, y también es apreciable que eso es una amenaza muy seria —dijo el director para sí—, ¿crees que cumplirá la amenaza, Nora? —preguntó levantando la vista del papel arrugado para clavarla en los oscuros ojos de Nora.
—Antes estaba convencida de que no, ahora ya no sé qué pensar la verdad. Creo que puede ser lo suficientemente estúpido como para meterse en líos de este tipo, la verdad —dijo Nora sinceramente.
—Bien, ¿y tú? ¿Cómo responderías ante las provocaciones de Rafael? —preguntó, inquisidor el director.
—Si es verbal no conseguirá provocarme, él lo único que quiere es pelearse, pero si usa la violencia, no me quedará más remedio que defenderme, no me quedaré quieta mientras tratan de darme una paliza, como comprenderá —respondió tranquilamente Nora, pese a la seriedad del asunto con el que trataba.
—Entiendo, creo que ya es suficiente, puedes irte a clase, si necesito volver a hablar contigo ya te llamaré —dijo el director levantándose de su silla y dirigiéndose hacia la puerta—. Gracias, Nora, hasta luego.
—Adiós señor director —se despidió Nora.
—Rafael, ya puedes pasar —oyó decir al director a su espalda, pero continuó andando sin volverse para mirar.
Volvió tranquilamente a su clase. Llegó ante la puerta de ésta y llamó, cuando la profesora que estaba dando la clase en ese momento le dejó pasar, ella entró y se acercó a la profesora para contarle que había estado en el despacho del director.
—Muy bien, puedes sentarte Nora —dijo la profesora, tras escucharla.
Nora obedeció y se fue a su sitio. Sacó los libros de la materia e intentó centrarse en la clase, pero no lo consiguió. Tras el hecho de que Rafa había ido al despacho del director sabía que sin duda alguna cumpliría su promesa. Un rayo iluminó el cielo, Nora miró fuera, parecía de noche a pesar que hacía ya varias horas que había amanecido, las nubes eran muy oscuras.
El sonido de un tueno la devolvió a la realidad e intentó concentrarse de nuevo. En la última hora de clase entró en el aula un muy malhumorado Rafa. Le entregó un papel a don Ricardo, quien frunció el ceño y miró a Rafa pero no dijo nada. Rafa lanzó una furiosa mirada a Nora y se fue hacia su sitio, pero allí, en vez de sentarse se puso a recoger sus cosas y murmuró algo a Ignacio, uno de sus amigos, quien miró a Nora. Ignacio se volvió hacia delante de nuevo y se puso a escribir unas notitas que pasó al resto del grupo. Rafa terminó de guardar sus cosas en la mochila y salió de la clase dando un portazo, no sin antes dirigir una nueva mirada violenta a Nora, esta, tragó saliva.
Tras el revuelo inicial la clase volvió a la normalidad habitual. Cuando sonó la campana ese día Nora recogió sus cosas todo lo rápido que pudo. Por primera vez no salió la última, pero eso no evitó que los amigos de Rafa la siguieran tan de cerca que sentía su aliento en la nuca. Nora apretó el paso y se mezcló con la gente, pero ellos seguían detrás, pegados a ella, a Nora le pareció que estaban tan pegados a ella como sus propia sombra.
Cuando salió decidió ir por las calles más transitadas, pero sabía que inevitablemente tendría que ir por calles solitarias para llegar a su casa.
Rafa y sus amigos habían desaparecido hacía un buen rato, intentó creer que habían decidido dejarla en paz y volver a sus casas, pero sabía que no era cierto y sentía un enorme bulto en el estómago, una mano férrea oprimiendo su corazón y una maza golpeándole la cabeza.
En ese momento tuvo que adentrarse en una calle solitaria, de esas por las que antes cruzaba tranquilamente, pero que ahora hacían que aumentaran su miedo y su incertidumbre. Se sentía completamente acorralada, sabía que si la cogían lo iba a pasar muy mal, volvió a tragar saliva e intentó pensar en otra cosa.
Iba pensando en los deberse que tenía que hacer y en lo que iba a prepararse para comer, al doblar la última esquina, la que daba a su calle, casi chocó con alguien, levantó la cabeza para ver de quién se trataba y estuvo a punto de gritar, tres de los amigos de Rafa. Se dio la vuelta para huir pero detrás de ella ya estaban Rafa y otros dos de sus amigos.
—No, no, no, Nora, tú no te vas, vas a tener que pagar lo que me has hecho, porque por si no lo sabía me han expulsado por tres meses y queda pendiente una reunión con el consejo escolar que va a debatir mi expulsión perpetua del centro, Nora, gracias —dijo Rafa.
Rafa empezó a acercarse a ella de manera amenazante, ella instintivamente comenzó a retroceder. Ignacio, que estaba detrás de ella la agarró y los otros dos le imitaron. Nora se revolvió intentando escaparse, pero sin ningún resultado.
Entonces Rafa le propinó un doloroso puñetazo en el vientre. El dolor le hizo que se doblase hacia delante, pero aun así levantó la cabeza para mirarle con odio y con arrogancia y le escupió a la camisa. Nora vio con horror que la camisa de Rafa tenía sangre, esa sangre había salido de su boca. Se sintió aterrada. Después Rafa volvió a pegarla, esta vez en la cara.
Entonces notó como le corría la sangre, desde el pómulo, por su mejilla, acompañado de un intenso dolor en el pómulo izquierdo. De repente Rafa se acercó todavía más, tanto que podía notar su aliento y entonces un penetrante dolor en el costado derecho que le hizo gemir de dolor y torcerse, perdió repentinamente las fuerzas y ya no podía tenerse en pie y cayó de rodillas.
Rafa le agarró con fuerza por el cuello obligándole a levantar la cabeza, cuando lo hizo, Rafa le escupió en la cara. Nora sentía repugnancia hacia Rafa, siempre iba con sus amigotes, no había sido lo suficientemente valiente como para ir él solo, Nora solo pensaba en que Rafa era repugnante, no podía pensar en otra cosa, por eso no vio venir un fuerte golpe en la cabeza que la dejó inconsciente.
La dejaron tirada en el suelo, sin preocuparse lo más mínimo. Cuando iban a salir de la calle Rafa se dio la vuelta y comenzó a patearla, volvió a escupirle encima y entonces salió corriendo de nuevo hacia sus amigos dejando a Nora en medio de la calle.
Media hora después un coche pasó al lado de Nora. Este coche frenó y el conductor bajó corriendo, era la madre de Nora.


Nora sentía un fuerte dolor de cabeza. Abrió los ojos pero lo veía todo desenfocado. Los volvió a cerrar. No sabía cuánto tiempo estuvo así pero notó entonces algo rozándole la mejilla malherida. Abrió los ojos tratando de enfocar algo, entonces oyó una voz que le era muy familiar y empezó a enfocar un rostro que le era muy conocido.
—…Nora, ¿me escuchas, cariño? —era la voz de su madre, quien le estaba acariciando su dolorida mejilla.
—Sí,… mamá… —dijo débilmente, Nora.
— ¡Qué alegría, cariño! —exclamó ella y levantándose para mirar a Nora a los ojos—. Me llamaron del instituto diciendo que fuese pronto a casa porque unos compañeros tuyos querían pegarte —explicó su madre—, y veo que era verdad, que susto hija, ¿te encuentras bien? —le preguntó muy preocupada.
—No… muy… bien,… la… verdad,… me duele… todo… sobretodo… la… cabeza —respondió Nora entrecortadamente y llevándose la mano a la cabeza, descubrió que había algo alrededor de esta.
—Te he llevado al hospital, te han puesto unos puntos y te han vendado las heridas, pero dicen que no es nada grave —dijo su madre, dándole nuevas caricias en la cara.
Nora volvió a cerrar los ojos, se sentía muy cansada.
—He llamado a tu instituto y les he comentado lo que ha ocurrido. No tendrás que ir al instituto hasta que te hayas recuperado por completo, además de que van a echar del centro a los que te dieron la paliza ayer —explicó con voz suave y dulce.
— ¡¿Ayer!? —exclamó Nora alarmada, lo más alto que pudo y abriendo los ojos de golpe.
—Si hija, ayer —le confirmó ella—, llevas todo el día así, me tenías muy preocupada. Por cierto he llamado a tu padre, vendrá mañana. Nos has asustado mucho a todos —explicó su madre, repentinamente seria.
—Lo… siento,… mamá —dijo al saber que su padre tenía que volver por su culpa—,… ¿qué… hora… es? —preguntó, aunque ni ella misma sabía por qué lo había dicho.
—Las once de la mañana —respondió su madre parpadeando varias veces por el desconcierto ante aquella pregunta—, y no lo sientas, no es culpa tuya —dijo adivinando el motivo—, es culpa de esos chicos de tu instituto, los jóvenes de ahora son muy violentos —dijo su madre, con un suspiro.
Nora la miró sonriendo ante la afirmación a de su madre mientras trataba de incorporarse y vio que estaba en su habitación. Estuvo un rato sentada al borde de la cama recuperando las energías perdidas, que parecían haberla abandonado por completo.
—Mamá, ¿me ayudas a levantarme? —pidió Nora, con voz aun débil pero ya no tenía que pararse en cada palabra.
—Sí, claro, ¿dónde quieres ir? —preguntó su madre rodeándola por la cintura y pasándose el brazo de su hija por los hombros.
—Al salón —respondió Nora.
Nora y su madre salieron de la habitación y fueron al salón-comedor de la casa. Su madre la acompañó y la tumbó en el sofá. Allí Nora volvió a quedarse dormida y despertó ya a las dos y media.


Fin de este trozo, al sábado que viene más, jejeje, por favor, comentad este trozo...

_________________
Si la oscuridad tapa tu camino,
Busca una solución,
Querer es poder.
Luz y Oscuridad

avatar
Nora Escribano
Suluk

Mensajes : 243
Fecha de inscripción : 28/01/2010
Edad : 22
Localización : Haciendo un hechizo, ¿o es que no me ves en mi avatar?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Castillo de la Niebla I Oscuridad

Mensaje  Nora Escribano el Lun Feb 22, 2010 7:06 pm

Bueno, otras cinco páginas de mi libro. Siento el retraso, pero como estoy mala... ni puedo estar aquí poniendo trazos ni estar escribiendo, por lo que llevo bastante retraso...
Bueno, el trozo nuevo, como ya digo muchas veces, y diréis que soy pesada, pero... por favor, comentad...




Nora pasó los cuatro días siguientes durmiendo en el sofá del salón y después en su cama. No iba al instituto por miedo, miedo a encontrarse con Rafa y sus amigos, sin querer rememoraba una y otra vez la paliza y cómo había tratado de escapar pero en vano. Cómo le habían pegado hasta hacerle sangrar. Pero no lograba recordar por qué perdió el conocimiento.
Nora acababa de salir del hospital, en una revisión para comprobar cómo iban avanzando las heridas. Iba contenta porque le acababan de quitar los puntos de la cabeza y le había dicho que se había recuperado muy rápido, más de lo normal, pero que aquello no significaba obligatoriamente nada malo. Ese día tenía pensado ir de nuevo al parque a leer bajo el sauce.
Entró a su casa, su madre no había ido a trabajar desde que le dieron la paliza y ese día había tenido que ir de nuevo al trabajo. Su padre había vuelto al extranjero un día después de su visita.
Aunque su madre ya había ido a trabajar vio que le había dejado el desayuno, la comida y la cena preparados. Se calentó la comida y se fue a su habitación a dejar la hoja que el médico le había dado para justificar su falta a clase, aunque, seguramente todo el instituto lo sabría ya.
Se acercó a la ventana de la habitación y vio con horror que Rafa y sus amigos estaban frente al portal, donde, también, vio apoyados contra la pared varios palos o bates de madera, se sintió aterrada, sin quererlo lanzó una exclamación al pensar que si hubiese llegado apenas un minuto más tarde habría vuelto a encontrarse con ellos.
La exclamación la oyeron abajo porque levantaron la cabeza, la señalaron y entraron al portal. Nora corrió hacia la puerta y encendió el portero automático para escuchar lo que decían, pero sin abrir la puerta.
— ¿Os habéis fijado en el piso? Porque vamos a subir y a acabar lo que dejamos, pensé que estaba muerta, pero ahora sí que lo va a estar. Chicos, viene alguien, a lo mejor podemos pasar —era la voz de Rafa.
—Disculpe, hemos venido a visitar a un amigo, vamos a jugar un partido de béisbol pero el portero automático no funciona, ¿podría abrirnos la puerta? -preguntó Rafa con voz falsamente inocente.
—Claro que sí muchachos, un segundo -respondió amblemente el vecino de Nora, sin saber en el problema en el que estaba metiendo a su joven vecina.
Nora se apartó del telefonillo, alarmada. Puso los cerrojos de la puerta, que eran tres, se aseguró de cerrar la puerta con llave todas las vueltas que la cerradura le permitió. Colocó también una silla en el picaporte, el zapatero y el recibidor, los dos muebles que más a mano tenía. Además corrió a su habitación y se metió en un cajón muy grande que había debajo de su cama, porque tenía un agujero atrás que ella tenía tapado con su ropa y le permitía colarse debajo de los cajones, allí nunca la encontrarían.
De repente escuchó que alguien abría la puerta de su casa y tiraba los muebles que había puesto. Oyó como revolvían su casa buscándola. Entonces entraron a su habitación. Ella intentó calmar su respiración. Oyó como abrían los cajones y el armario buscándola, cada vez estaban más cerca, empezaron a abrir los cajones de la cama, pronto llegarían al suyo e intentó recordar si había cerrado el hueco. No tuvo tiempo ni de comprobarlo porque en ese momento se abrió de golpe y casi lanzó una exclamación pero se tapó la boca a tiempo.
— ¡Aquí no está! ¡Dónde se habrá metido! —dijo Rafa—. ¡Nora, no nos vamos a ir hasta que no te encontremos así que ya puedes salir de tu escondite porque sabemos que sigues aquí! —amenazó él.
—Rafa, tío, cálmate, si se esconde y no bien al insti es porque nos tiene miedo, no crees que ya ha aprendido la lección —intentó calmarle un amigo de Rafa llamado Carlos.
—No, la quiero ver muerta, por su culpa me han echado del "insti" y mis padres me echaron una buena por esto, estoy castigado y se está riendo delante de nuestras narices.
Nora notó como algo salía del bolsillo de su pantalón, estaba tumbada en el suelo, por lo que le fue difícil ver de qué se trataba, pero sonrió al ver que era su móvil. Lo cogió y envió un mensaje a su madre para que llamara a la policía. Cuando iba a guardárselo de nuevo volvió a enviar un nuevo mensaje.
— ¿Eh? tengo un mensaje —dijo Rafa—. Te juro que te voy a matar, ¿me oyes Nora? Te mato —aulló Rafa después de un largo y tenso silencio.
— ¿Qué pasa, tío? —preguntó Ignacio.
—Nora se está riendo de nosotros, ha sido ella quién me ha enviado el mensaje. Nos ha llamado imbéciles.
Nora volvió a enviarle otro mensaje, que decía: “NO, TÚ, Y SOLAMENTE TÚ, ERES EL IMBÉCIL, Y JAMÁS ME ENCONTRARÉIS”.
En pocos segundos el móvil de Rafa volvía a sonar.
—No estés tan segura y aquí la única imbécil eres tú, que piensas que te vas a salir de rositas —volvió a amenazar Rafa.
Otro mensaje: “TÚ SÍ QUE NO TE VAS A SALIR DE ROSITAS, RAFA. YO YA LO HE PASADO MAL, PORQUE POR TÚ CULPA HE ESTADO LLEVANDO 17 PUNTOS EN LA CABEZA HASTA HOY. AHORA TE TOCA A TI”. Y después de este mensaje apagó el teléfono al darse cuenta de que si le llamaba sabría dónde estaba escondida. Hubo un largo silencio.
—Vaya, así que has apagado el teléfono, eres más lista de lo que imaginé —dijo Rafa.
Nora sonrió para sus adentros, se alegró de haber apagado el teléfono justo a tiempo. Entonces oyó sobre su cabeza un ruido, se dio cuenta de que alguien se había sentado en su cama.
—Se está cómodo aquí, Nora. Yo te espero, no tengo ninguna prisa, pero cuanto más tardes en salir peor para ti, yo solo te aviso —amenazó Rafa.
—Tío, viene alguien —dijo Carlos.
—Bien, ya ha recapacitado de que sabe que no le va a servir de nada seguir escondida —dijo Raja, saltando de la cama.
—No, es de fuera. Esto no me huele bien, tenemos que largarnos de aquí, Rafa —dijo Ignacio preocupado.
—Qué… —dijo Rafa pero no pudo terminar la frase, era la policía.
—Alto, quedáis detenidos muchachos. Tendréis que venir a comisaría —dijo un agente.
Nora respiró aliviada y asomó la cabeza por el agujero. Estaban esposando a Rafa y sus amigos. Salió del escondite por completo.
—Te lo dije Rafa, tú eras el que no iba a salir bien parado.
—Tú debes de ser Nora, ¿no? —preguntó un agente, ella asintió—. Pues debes de ser muy valiente porque supiste mantener la calma, enviar un mensaje en lugar de llamar por teléfono…
—No ha sido nada, realmente no lo he pensado, lo he hecho instintivamente. Por miedo a ser descubierta y recibir otra paliza —respondió Nora, diciendo la verdad.
—Bueno, pues adiós Nora, nos llevamos a esta panda a la comisaría —dijo el agente revolviéndola el pelo.
—Gracias y adiós —se despidió Nora y observó con siniestro placer como se llevaban detenidos a Rafa, Ignacio, Carlos y los demás a la comisaría.
Observó mejor todo, le habían revuelto la habitación entera, que ahora estaba completamente desordenada: el armario abierto y con la ropa por el suelo los cajones también abiertos y con la ropa revuelta, los libros en el suelo y abiertos, la cama desecha… Decidió salir a ver el resto de la casa, que como intuía no presentaba mejor aspecto que su habitación.
En la entrada los dos muebles que había colocado estaban en el suelo, el recibidor estaba roto, los zapatos esparcidos por el suelo, la silla también estaba rota al igual que la puerta y la cerradura.
Pasó al salón, donde el aspecto no era mejor. El sillón estaba volcado y con los cojines por el suelo. La mesa de cristal, la televisión, y el armario de cristal estaban rotos.
En la cocina su comida, al igual que los electrodomésticos y todo lo que estaba en los cajones y armarios estaban rotos y por el suelo. A la mesa le faltaba una pata, que estaba a unos dos metros más allá, por lo que la mesa también había volcado.
En el baño la ducha, el váter, el espejo, el lavabo y el bidé estaban rotos, además del lavabo salía agua, por lo que el grifo también estaba roto.
En la habitación de su madre el armario y los cajones estaban abiertos con las cosas por el suelo, la cama volcada, el espejo y la ventana rotos… La habitación de su madre era la que peor estaba de toda la casa. Nora suspiró y se volvió resignada a la cocina.
Conectó el enchufe del microondas a la luz y lo colocó en su sitio. Pero cuando intentó ponerlo en marcha no pudo, estaba estropeado. Se fue al salón para llamar por teléfono y encargar comida. No tuvo que esperar mucho, en menos de media hora el repartidor estaba en su casa. Este se extrañó al ver el estado de la casa.
—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó él, mirando en todas direcciones para ver toda la casa—. ¿Una batalla campal?
—Eso no es asunto suyo –respondió fríamente Nora.
—Bueno, bueno, no te pongas así, es simple curiosidad, llevo muchos años trabajando de repartidor y nunca he visto una casa en tal estado, comprende que me extrañe y pregunte, si te he ofendido, lo siento —dijo el repartidor intentando calmar a Nora.
—Lo siento, es que hoy no he tenido un buen día, creo que salta a la vista, ¿no? —dijo Nora frotándose la cabeza, hacía un buen rato que le dolía.
El repartidor sonrió.
—Sí bueno, tienes razón, si yo tuviese mi casa así también andaría algo irritado. Bueno, aquí tienes lo que has pedido, ¿sabes cuánto es? -preguntó el repartidor tratando de cambiar el tema.
—Sí —dijo Nora, tendiéndole el dinero—, está exacto -aclaró ella.
-Gracias -dijo él, cogiendo el dinero y entregándole la comida a Nora—. Adiós.
—Adiós —contestó Nora.
Cerró la puerta cuando el repartidor se fue. Pasó a su habitación y se sentó en su silla, que por suerte estaba intacta. Cogió el taper y de la comida que había encargado y empezó a comer. Cuando terminó se puso a recoger su habitación, y se puso a recogerla.
Estaba a punto de terminar la comida cuando oyó que alguien trataba de abrir la puerta con llave pero no podía, supo que era su madre. Aun así miró por la mirilla de la puerta, efectivamente, era su madre. Abrió la puerta y su madre entró. Al ver el estado de la casa abrió los ojos como si no creyese en lo que veía y se tapó la boca con las manos.
—Pasa mamá, no te quedes ahí.
Ella obedeció y como un autómata pasó a la casa.
—¿Qué ha pasado? –preguntó con un hilo de voz.
—Ya te lo expliqué en el mensaje, Rafa y sus amigos han revuelto toda la casa para buscarme, pero no me encontraron —dijo Nora, sonriendo a su madre cálidamente.
—¿Estás bien? ¿Dónde te has escondido que no te han encontrado?
—Sí, estoy bien, no te vas a creer dónde me he escondido. ¿Recuerdas que tengo un cajón de mi cama con un agujero? ¿Sí? Bien pues me he colado por el agujero, me he quedado tumbada bajo los cajones y como está tapado no me han encontrado, incluso han abierto el cajón pero como está tapado con una madera no se han fijado. Lo peor es que vamos a tener que comprar muchas cosas, porque las han roto. He pensado que como ya tengo dieciséis, puedo trabajar en algo para pagar todo —explicó Nora.
—No hace falta, la policía me ha llamado y me han dicho que va a ver un juicio por todo esto. En el juicio, seguramente, tendremos una indemnización, así que con todo eso sacaremos bastante dinero, no hace falta que trabajes en nada —dijo mientras la abrazaba y le daba un beso en el pelo—. Se me olvidaba, en el trabajo saben lo que te ha pasado y que te gusta mucho la música y me han dado algo para ti —dijo tendiéndole un paquetito envuelto en papel de regalo-. Ábrelo.
Nora obedeció y abrió el paquete. Se quedó asombrada, era un Mp4, además de los más caros y nuevos.
—Mamá, esto no puede ser, este es muy caro —dijo casi sin voz.
—Ya lo sé, pero no vas a despreciar un regalo así, ¿no? —le sonrió su madre.
—No, claro que no, ahora mismo voy a grabarme canciones, voy a grabar hasta que reviente la memoria —dijo muy emocionada Nora—, ah y dale las gracias al que te lo haya dado, dile que me encanta —dijo estampándole un beso en la mejilla.
Nora corrió a su habitación a coger su Mp3 viejo, su madre la vio.
—¿Qué vas a hacer con ese? —dijo señalándole el Mp3 que llevaba en su mano.
—Voy a la biblioteca a pasar las canciones del viejo al nuevo.
Salió de la habitación.
—Ah, por cierto, volveré pronto, no se tarda mucho, tranquila. Adiós mamá.
—Adiós hija -se despidió su madre con una sonrisa dibujada en los labios.
Nora salió a la calle, estaba muy contenta, por fin habían detenido a Rafa y sus amigos, y además le regalaban ese Mp4. Se le ocurrió que también podía grabarse en él libros. Cuando llegó a la biblioteca saludó a la bibliotecaria, una chica joven con la que se llevaba bastante bien.
—Hola Nora —saludó la bibliotecaria, que se llamaba María—, ¿hoy vienes a por un libro o a por música?
—Música, mira —dijo sonriendo y enseñando a María el nuevo Mp4—. Se lo han dado los del trabajo a mi madre para mí, saben que no lo he pasado muy bien.
—Qué buena noticia, al fin dejas ese trasto –dijo María, respondiendo a su sonrisa.
Nora se despidió con un gesto y fue hacia los ordenadores, se sentó frente a uno y conectó los Mps. Empezó a pasar las canciones de uno a otro. Tardó una media hora, porque el Mp3 iba muy lento. Al terminar se despidió de María y se fue a su casa.
Por el camino encendió el Mp4 y comprobó que todas las canciones se habían grabado. Puso su favorita y dio cuenta de que sonaba muchísimo mejor que el de segunda mano.

__________________________
No me matéis, ya sé que es un poco desastroso, pero lo siguiente va siendo mejor, al fin y al cabo, voy mejorando... Todo esto es de antes de las navidades, a partir de las cuales lo dejé abandonado, por lo que después se nota cuando lo retomé... ya lo veréis...

_________________
Si la oscuridad tapa tu camino,
Busca una solución,
Querer es poder.
Luz y Oscuridad

avatar
Nora Escribano
Suluk

Mensajes : 243
Fecha de inscripción : 28/01/2010
Edad : 22
Localización : Haciendo un hechizo, ¿o es que no me ves en mi avatar?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Castillo de la Niebla I Oscuridad

Mensaje  Nora Escribano el Sáb Feb 27, 2010 10:35 pm

Aquí viene, puntual, el final del primer capítulo, el sábado que viene traeré el segundo capítulo, un capítulo lleno de sorpresas de principio a fin...

Llegó a su casa casi sin darse cuenta. Abrió y su madre le sonrió.
—Tienes hasta mejor cara, Nora.
—Es que hoy es un buen día, Rafa detenido, tengo un Mp4 nuevo, y por descontado hacía mucho que no estábamos juntas y llevamos cuatro días juntas, ¿cómo no voy a estar contenta? —sonrió Nora a su vez.
—Me alegro, me gusta verte tan contenta, no es muy común.
La sonrisa de Nora se ensanchó aun más. Y con los cascos de Mp4 aun puestos y la música sonando ayudó a su madre a recoger las cosas de la casa. Nora hizo una lista de las cosas rotas y que tendrían que comprar. A la hora de cenar ya tenían todo recogido. Nora y su madre fueron a un restaurante a cenar, cosa que muy pocas veces habían hecho. Al día siguiente Nora fue al instituto. Cuando el director supo que Nora había vuelto la llamó para que fuese a su despacho.
—Nora, que alegría verte bien, nos tenías a todos muy preocupados, ¿estás ya mejor? —dijo cuando la vio pasar.
—Sí, ya me encuentro mejor, ayer me quitaron los puntos y las heridas ya han cicatrizado, ya estoy bastante mejor.
—Me alegro. Me enteré de que ayer detuvieron en tu casa a Rafael y los demás. Me alegro de que no pasara nada grave.
—Gracias, la peor parte se la llevó mi casa, quedó destrozada… pero qué se le va a hacer —dijo Nora soltando un suspiro—. Bueno, tengo que volver a mi clase, he perdido muchas y no quiero perder más.
—Eso está bien Nora. Adiós, y que tengas un buen día.
—Gracias, igualmente. Adiós —se despidió ella.
Salió tranquilamente del despacho del director. Caminó sin prisa por los pasillos del colegio hasta llegar a su clase. Llamó a la puerta y entró.
A la hora del recreo se quedó en la esquina en la que estaba siempre. A los cinco minutos un profesor se le acercó, era Bernardo.
—Hola Nora, ¿qué tal estás? —preguntó sonriendo.
—Bien, gracias.
—Me alegro de que no pasara nada grave al final, de verdad que me alegro.
—Gracias.
—Bueno, adiós.
—Adiós.
Tras la despedida Bernardo se marchó a dar una vuelta por el resto del patio. Dos profesoras al ver a Bernardo hablar con ella se acercaron, esto hizo que alumnos y profesores se acercaran a ver qué pasaba. Todos estaban hablando y se armó un gran jaleo a su alrededor. Trató de escapar de ese círculo que sentía que la asfixiaba, no lo logró. Sintió que la cabeza le empezaba a doler. El dolor aumentaba según aumentaba el ruido a su alrededor. Entonces se sintió sin fuerzas y cayó al suelo inconsciente. La gente que estaba más cerca comenzó a gritar. Pronto los gritos se extendieron por todo el patio y comenzaron a correr. Uno de los profesores, el de educación física, cogió a Nora en brazos y la llevó a la enfermería. En enfermería midieron su temperatura y su pulso. Como no podían hacer nada decidieron llamar al hospital. Y fue en el hospital donde recobró la consciencia. Aun sentía un fuerte dolor de cabeza y sentía que todavía le pitaban los oídos y tenía una extraña sensación de mareo. Abrió un poco los ojos pero veía todo borroso y sintió que se mareaba aún más. Por lo que volvió a cerrar los ojos y poco a poco el cansancio la venció y volvió a dormirse. Cuando se despertó de nuevo se dio cuenta de que había vuelto a soñar lo mismo que había soñado todos los días desde el día que le dieron la paliza. Siempre era el mismo sueño, ella estaba en un castillo en la edad Media y tenía tres amigos, pero ese día el sueño había sido más real, diferente. Había soñado que estaba en ese castillo, pero no era un castillo normal, era una escuela, una escuela en la que enseñaban magia, esto le recordó a varios libros que ya había leído. Empezó a pensar que le estaba pasando lo mismo que a Don Quijote, el que se volvió loco de tanto leer libros de caballerías. En su sueño también aparecían esos amigos suyos, esa vez los había visto con claridad. Uno de ellos era una mujer joven, pelirrojo y con rizos; los otros dos eran dos jóvenes, uno era un elfo y el otro no era humano tampoco pero no sabía lo que era. Estos dos eran muy distintos el elfo era pálido, debilucho, rubio y con el pelo largo, en cambio el otro era moreno, fuerte con el pelo negro y corto.
Cuando el mareo inicial se le pasó intentó pensar en otra cosa y abrió los ojos y como la vez anterior lo veía todo borroso pero a los pocos segundos todo empezó a enfocarse. Había alguien poniendo una bolsa de suero y mirando unas máquinas que supuso que mostraban datos como el pulso y la respiración. Se fijó más en aquella figura y se dio cuenta de que era un hombre y llevaba una bata blanca. En ese momento aquel hombre se dio la vuelta y se acercó a ella.
—Veo que te has despertado. ¿Cómo te encuentra, eh, Nora? —preguntó él.
—Bien… creo.
—Bueno, eso está bien, permite que me presente, soy el doctor Domínguez, Ramón Domínguez, y tú según esta ficha médica eres Nora Escribano, ¿me confundo?
—No, soy Nora Escribano, está correcto.
—Bien Nora, te diré la verdad, nadie sabemos que es lo que te pasa.
—Vaya, pero eso entonces, ¿significa que no tengo nada? —preguntó Nora sin haber entendido bien lo que había querido decir el médico.
—No, hay algo extraño en tu organismo, pero, no sabemos qué es. Hemos enviado los resultados a otros hospitales, por si saben de qué se trata. Por ahora ninguno nos ha resuelto nada, por lo te tendrás que quedar en el hospital unos días más.
—Pero es algo malo —preguntó inquieta.
—No lo sabemos, no sabemos nada —respondió simplemente el doctor.
Nora cerró los ojos y rogó por que no fuese nada. Al poco tiempo oyó unos pasos. Abrió los ojos. Vio que el doctor se había marchado. Volvió a cerrar los ojos y suspiró.


________________________
Comentad por favor...

_________________
Si la oscuridad tapa tu camino,
Busca una solución,
Querer es poder.
Luz y Oscuridad

avatar
Nora Escribano
Suluk

Mensajes : 243
Fecha de inscripción : 28/01/2010
Edad : 22
Localización : Haciendo un hechizo, ¿o es que no me ves en mi avatar?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Castillo de la Niebla I Oscuridad

Mensaje  Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.